Lombok, el paraíso terrenal

A Indonesia fui a surfear, así que al principio, mi plan era estar en Medewi, en la zona noroeste de Bali, una ola bien larga y fácil, para recuperar el training, y de ahí irme a Nias, una isla paradisíaca pero bastante menos accesible que el resto de las zonas turísticas en Indo. Finalmente, como suele pasar estando de viaje, los hechos fueron distintos a los planes, y terminé reemplazando Nias por Lombok.

Lo primero que pensé cuando llegué a Lombok fue por qué ch%cha gasté dos semanas en Bali. No es que Bali esté mal, de hecho a la mayoría de la gente le gusta. Pero Lombok, al menos desde mi punto de vista, le da no mil, si no que diez mil patadas.

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De partida, está muchísimo menos explotado turísticamente. Mi palabra para Lombok es autenticidad. Los turistas que conocí ahí son gente auténtica, que de verdad estaban ahí por surfear, a diferencia de los que conocí en Bali, que hablaban el 95% del tiempo sobre surf (especialmente hombres dirigiéndose a mujeres), y el 95% de las veces se trataba de gringos o europeos que en realidad no surfeaban nada y el único contacto que tenían con el agua era en las rudas mañanas, cuando pasaban la caña del carrete que se habían puesto el día anterior.

Lombok es increíble. Es gigante, y explorando con la moto, muchas veces uno puede encontrarse con playas impresionantes donde no hay ni siquiera una persona. Pero lo que más me tocó no fue tanto eso, si no el hecho de que me armé una rutina que me encantaba de principio a fin. Me levantaba, no muy temprano ni muy tarde, iba a la cocina de mi homestay (el Triputri Homestay, en la rotonda que hay a la entrada de Kuta Lombok) y pedía mi desayuno, que venía incluido gratis. Me pasaban mi omelette con pan, me tomaba mi café y a continuación venía una de las partes más importantes del día: comer todos los banana pancakes con chocolate que quisiera, también gratis. No, en serio. Era importante no solo por el buen sabor de los panqueques, sino que porque para mí eso simbolizaba lo buenísima onda que era la gente que trabajaba ahí. A veces me comía cinco, aunque una vez pedí tres y me dieron seis. Te fuerzan a comer: “morre pancakes, brraateerr“.

Después de eso, me iba a surfear. Lombok está lleno de olas para todos los gustos y niveles, aunque la mayoría de las veces, por su consistencia y resiliencia al viento, terminaba surfeando en Inside Grupuk. Iba a la casa de Bahri, un amigo local que me hice allá, que le sacaba el bote al papá, que era pescador, y nos íbamos derecho a la ola, en ese botecito enano donde solamente cabíamos los dos, y las redes y utensilios que usan para pescar.

Las olas eran excelentes, fáciles de agarrar, y te permitían jugar y mejorar harto. Casi siempre había un local que se te metía en la mitad cuando ya te habías agarrado una, pero en el agua había buena onda, no como en muchos lugares de Bali en que la competencia es descarnada. Y los paisajes, impresionantes. De esos lugares y momentos que se te graban en la cabeza.

Y finalmente, la noche. Kuta Lombok no está catalogado como un lugar para carretear. Pero aquí me puse varios de los mejores carretes que he tenido en todo el viaje. Llegaba a uno de los bares (siempre es solo uno de ellos en que se hace la fiesta, se van turnando) y empezaba a tomar mi vino de arroz, que tenía guardado afuera. A esas alturas ya no podía comprar chela ni mucho menos trago propiamente tal, porque se me reventaba el presupuesto. Al principio la onda era bien relajada, y algunas noches se mantenía así. Pero otras, la gente se iba motivando y al final 30, 40 o 60 personas terminaban carretiando de lo lindo. Debo haber escuchado unas diez o quince veces a la banda local tocar Redemption Song, y me seguía gustando.

Nunca se me va a olvidar la tarde en que fui por primera vez a Mawi, una ola que está a unos 40 minutos en moto desde Kuta Lombok. No andaba con cámara de fotos, pero la vista fue tan increíble que, sin esfuerzo, puedo ver todavía la foto mental que saqué. Después de un pésimo camino, llegamos y luego de mirar un rato la increíble vista, me metí al agua. Al principio éramos 4 o 5. Pero los mismos locales no recomiendan manejar de noche en Lombok, así que todos se salieron, menos un español y yo. Así que quedamos dos en el agua. No estaba nublado, pero había algunas nubes. En un claro en medio de ellas, durante largo rato, los últimos rayos de sol caían sobre dos grandes pináculos de roca que había en el mar. Era increíble. Parecía una de esas escenas en las películas religiosas en que Dios habla y dice algo muy importante. Un rato después, los reflejos naranjos de la puesta de sol en el agua nos rodearon, mientras surfeábamos hasta que ya no se veía casi nada.

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Blanca dice:

    Yo no surgeo, pero también gocé en Lombok. La gente es increíblemente amorosa y me llamó la atención lo tiernos y alegres que son los niños, considerando la pobreza en la que viven. Maravilloso lugar Indonesia. Si quieren conocer otra zona preciosa y que está empezando a desarrollarse harto vayan a la Isla de Flores.

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  2. Isabel dice:

    INCREÍBLE!!!!!!! Dan ganas de partir al toque!!!! Me encanta como escribes, sigue haciéndolo!!!

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  3. Nicolas infante dice:

    Grande man nuy buenos posts y la mirada q les day! Lamento mucho haberme perdido kuta lombok pero bieno en todos lados se rescata algo valioso! Hk tengo pensado ir muy cortito y Nepal tratare hacer un trekking piola por mi tobillo! Sigue con la iniciativa y Que el viaje que nos enseña tanto no se acabe nunca! Ahrazo Grande

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